
La Plata
La primera sesión del año en el Senado bonaerense no fue solo un cruce reglamentario. Fue la escena perfecta de una vieja disputa filosófica: quién decide cuándo se puede hablar y cuándo se debe callar.
La vicegobernadora Verónica Magario cortó el micrófono al senador Mario Ishii y luego al jefe de bloque Sergio Berni, en medio de críticas directas al gobernador Axel Kicillof. El reloj marcó los cinco minutos. El reglamento se impuso. Pero el fondo fue político.
El debate que el reglamento no pudo apagar, la denuncia del abandono y Mario Ishii habló de lo que no está en el temario oficial. Denunció hospitales del Conurbano desbordados y sin insumos. Reclamó que sus proyectos de emergencia alimentaria y sanitaria nunca llegaron al recinto. Acusó al gobernador de “no caminar” los barrios. Habló de la realidad que no se ve desde La Plata.
Luego Magario aplicó el reglamento. Cinco minutos y micrófono apagado. El gesto fue técnico, pero el mensaje fue político. En filosofía política se discute hace siglos: ¿el orden del debate protege la democracia o la disciplina al poder? El reloj se volvió juez.
Berni: la defensa que también fue silenciada fue la del Senador y presidente de bloque, Sergio Berni tomó la posta. Salió a bancar al Senador Ishii, criticó a Kicillof y tocó la situación judicial de Cristina Kirchner. La respuesta fue la misma: micrófono cortado. Gritos en el recinto. El escándalo quedó expuesto, paso a votación la misión de Sergio y no fue apoyada.
El episodio dejó algo más que internas a cielo abierto. Recordó a Hannah Arendt: la política nace en el espacio donde aparecen las voces. Cuando una voz se apaga desde el estrado, se apaga también parte del debate público.
El peronismo bonaerense mostró su fractura no en un documento, sino en un botón rojo. Entre el tiempo reglamentario y la urgencia social, el Senado eligió el cronómetro.
Foto: Toma del Vídeo Institucional de la sesión del Senado provincial cuando Mario Ishii estaba exponiendo.



